14.11.09

La casa sucia y sus rincones


Que más de mil millones de personas en la actualidad vivan en la pobreza extrema es de panfleto. Que más de 800 millones estén mal nutridos parece ser de documental de mediodía, ese que emiten por televisión para las minorías perezosas que digieren entre bostezos el menú de primero, segundo y postre.
Entre líneas de prensa diaria, apostillan que no sólo la culpa la tiene el conflicto entre naciones, también internamente tiene parte de la culpa el conflicto entre clases sociales. El medioser humano que así se las gasta. Pues sí hijo, eso parece ser. La copla tiene macroculpas, micromiserias, y alguna dosis de egoísmo asesino. Mete todo esto en la coctelera y ya verás qué resultado de mierda: cuatro rincones de abundancia con espejismos de felicidad babeantes ante los reflejos de los centros comerciales, y el flash cegador de las orgías culinarias...y de otra parte miles de rincones olvidados donde lo único salvable van siendo los valores tradicionales, y una foto fugaz de aquello que parece detenido y olvidado en el tiempo. ¿Qué pretendemos con tal circo? ¿Que a pesar de la falta de educación y bienestar, las maras centroamericanas tomen el té a las cinco? ¿maldecir a los gobiernos que no hacen nada por evitar que ese mocoso robe una cartera en el metro? ¿que si llegan en patera, por favor lo hagan con la cartilla del médico actualizada, un loft alquilado desde origen, y por favor no seas grosero? PERO QUÉ ES ESTO.

Esto que se ha montado es un sálvese quien pueda. Y los apadrinamientos a los 902, las denuncias de las fotos, y los parches de las ONGs, son gritos en el océano esperando una isla que no se ve ni de lejos. Pero ni a tomar por culo.

Así que todos a morbosear al cine con 2012 para ver el mundo destruirse desde una butaca. No olvidemos antes de entrar en la sala cebarse de grasa en un Burger, y para postre medio kilo de palomitas, golosinas y un quintal de Coca-Cola, la chispita de la vida.

7.11.09

Los ojos del arte y la sociedad



Me gusta la vida y me gusta vivir. Como me recordó ayer una película de animación japonesa (no son de mi predilección pero la vi por curiosidad), la vida no sería tal sin la existencia de la muerte.
Siendo como es, y sin poder negociar nada en este aspecto, llego a la conclusión anterior: me encanta vivir.
Cierto que nos lo ponen a veces difícil, y uno debe cargar y arrastrar mil decepciones, ponerse blando y al día siguiente duro como una roca. Accionamos y reaccionamos, volvemos y devolvemos, nos implicamos y nos alejamos. Todo esto repetido en un ciclo muy cansino y ciertamente agotador, en el que se nos permite recargar las pilas para volver a empezar cada mañana.

En un corto emitido estos días por televisión (maravilloso por cierto), se nos mostraba cómo las ciudades están diseñadas para producir en sus grandes edificios, cómo en los alrededores se crearon zonas de descanso donde acudir cada noche para dormir, y al día siguiente despertar para seguir produciendo. Para hacer de todo esto un órgano vivo, se crearon como venas o arterias, raíles y carreteras que nos ayudan a los productores a llegar al corazón de la producción. Y así siempre. Y así va creciendo la criatura.

Aún así me fascina que los artistas tengan la virtud de mostrar verdades desde el otro lado de la percepción, ahora que a una blogguera cubana le agrede la policía de su país, que los futbolistas no juegan después de hacerse multimillonarios, que los políticos engominados siguen moviendo maletines y rolex mientras le guiñan complices a sus pánfilas putillas, que las bandas se siguen atrincherando en pisos de mierda donde esconden balas y granadas, ahora que se siguen propinando palizas a embarazadas sin velo.

Como inspiración, firmo esta foto del Retiro Madrileño que interpreto a mi estilo: con un ojo abierto y otro cerrado (arte y sociedad) y las manos abiertas al cielo.

24.10.09

Naturaleza muerta


Madrid se despereza con sus ruidos metálicos tan asumidos y aceptados que casi dan gusto entre el olor a café y promesas de vermú. Sarna con gusto no pica.
Los rostros se pasean ataviados con un rápido recogido y los pechos cruzados de un cómodo y colorido morral. Los teléfonos suenan y los bares se van llenando de grupos ruidosos y olor a fritanga. Muchas gafas de sol entre caña y cigarro, dispersas en mesas soleadas repletas de estudiantes pirómanos de tiempo. Podría ser viernes y podría ser domingo.
Madrid rezuma aires de siglo XVIII en sus fachadas, y el frío intenso acecha detrás de los llanos castellanos.
Mientras lógicamente nuestro bolsillo se echa a sudar ante el peligro de esos impuestos y esas multas que prometen castigar a quien recicle como el culo, uno pasea por algunas calles terciarias repletas de caras sospechosas y basura esparcida por el suelo.
Cuantas criaturas son capaces de desarmar sus cajas, sus trapos y maderos, y una vez todo en el suelo, sin más, se marchan y ahí lo dejan todo. Que lo recojan otros. El orden y la higiene parece no ir con ellos.
A estas alturas donde convencer se convirtió para mí en un trabajo ajeno, a estas alturas donde a veces uno escucha con repetida pesadez las mismas opiniones manidas, y a estas alturas donde la gente se repite generación tras generación con los mismos roles y errores...qué mejor lugar que ese cómodo butacón de nuestra existencia donde disfrutar de la vida, un libro, buenas canciones, mostrar los dientes si hay peligro, y apagar la luz cuando cae la noche.

8.10.09

Opulencia y falta de concentración


He sentido rabia ante el sol del membrillo que un día el genio Erice nos regaló, así de forma desinteresada.
Y he sentido esa rabia que se sufre cuando te dicen una verdad que no quieres escuchar ni afrontar. Y todo por presentir que estamos DESBORDADOS. No sé como no tenemos nauseas diarias ante la sobredosis material e informativa a la que estamos expuestos. Saciados como cerdos en una charca de comida precocinada, prensa gratuita diaria y un váter on line donde arrojar nuestros detritos cibernéticos.
Rabia y dolor sordo (porque ni el grito me sale), por haber perdido la ATENCION que requiere una antigua foto en blanco y negro, esa que no tiene comparación porque recogió un momento puro e irrepetible. Por haber anulado con agravio el valor del sol cuando se escapa entre las hojas y te asalta los ojos.
Desbordados al pensar que el tiempo y el espacio deben ser hermosos cuando se disfraza de perfección visual prediseñada por grupos organizados de tendencias. No ¡ No puede ser. No sería justo que fueran por ahí los tiros.
Pero aún así, uno parece destinado en nuestro miedo miserable, condenado diría, a no apreciar ni llegar a conocer el valor de una paleta llena de oleo y color antes de convertirse en cuadro, a no percibir el olor de la menta fresca o el pescado cuando aún salta en una red, a recoger las botas viejas y torcidas para pisar el barro y comprobar la textura de un tomate.
Me siento desconcentrado, profundamente henchido de sobras.
Prometo no publicar esto hasta conseguir hacer una foto adecuada que equilibre mi gastritis existencial.

3.10.09

Perdidos en la frontera


Estos dias he estado viendo publicidad de un parque de atracciones cuya canción de fondo grita "miedo". No hay que esperar a ningún Halloween ni noche de brujas para sentirlo, si tumbado en cualquier parque de cualquiera de nuestras ciudades vemos como nos acechan desde el ronroneo sordo y continuo, bocas exhaladoras de humo enroscadas como serpientes corales venenosas.

Entre asfalto y césped, entre autovías nacionales y parques infantiles, entre el conocimiento y la ignorancia. Es en estos lugares donde parece que estamos ubicados, siempre entre dos aguas, entre ideas, entre conflictos que van desde la bronca en la reunión de propietarios del edificio, hasta un Afganistán donde más de una realidad ya no tiene sitio.

Y como es a lo que estamos acostumbrados y donde estar a la defensiva es una práctica diaria, no es de extrañar que se practique la bipolaridad de los sentimientos miserables. Ir a ver los cuadros del Bosco al Prado, para luego tajarse a cervezas en alguna tasca cercana. Llorar viendo la luna clara desde el coche, y acto seguido llamar a una madre para insultarla por sus errores. Apagar el reproductor donde resucitaba Chet Baker y salir despedidos hacia una ruidosa discoteca donde hablar no es posible. Plegar la última hoja de un libro apasionante, y quedarnos mudos mirando la vida pasar por la ventana.

Nos están convirtiendo en espaldas mojadas de la razón, en desheredados de la tierra, en protagonistas de un éxodo hacia la fealdad de los criterios rotos. Nos están construyendo puentes que van desde la sensatez hasta las tierras solitarias del disparate.

Miedo, tengo miedo. Miedo a ver gente dispuesta a caminar por tierras prefabricadas, por zonas verdes contaminadas de peligros, y una sonrisita de cartón colgada de la cara.
Miedo, tengo miedo. Aunque solo sea por momentos.

17.9.09

Botella con mensaje


De nuevo la lluvia nos moja los corazones. Por más fuerte que uno se haga, o apague la luz de las realidades a golpe de fiesta o cenas cosmopolitas, el cambio de estación entra pisando las olas, cerrando sin hacer ruido la puerta de los chiringuitos, y llenando las hamacas de arena húmeda y agua helada.
Me gusta el verano, lo reconozco. Me gusta la frescura de sus vestidos, la escarcha de sus refrescos y el sudor de las noches de terraza. Pero damos paso así a un no menos hermoso otoño con máscara de invierno, de centros de salud hasta la puerta, niños que lloran, atardeceres brillantes, y noches de tele y pizza. Cada cual lanza su botella cargada de mensajes diversos. Cada uno de nosotros le pide sus deseos al mar. Y otra vez el champagne y las uvas y el alquitrán de alfombra estarán.
Que el mar nos traiga nuevos retos, nuevas fuerzas, nuevas esperanzas. Para unos sonando Patsy Cline en el salón mientras balancea la butaca y acaricia al perro. Para otros corriendo tras dejar a los niños en el cole y doblarse a dos carrillos otro atasco más. Algunos miran con rabia silenciosa cómo la luz del metro parpadea molestamente y no deja leer. El paraguas que jode. Mucha gente detrás de Sálvame y el vacío mensaje de la Esteban. Solitarios y acompañados, cada uno valorando lo que no tiene y degustando con sal restada lo que se posee.
Escribiendo en blogs, escuchando canciones, leyendo historias. Al fin y al cabo, lanzando cañas de pescar al vacío de las estaciones, en busca de vida que descorche nuestras valiosas botellas con mensaje.

5.9.09

Breve contacto con el cielo


Tras haber ingresado en unas estupendas, soñadas y esperadas vacaciones, y después de jugar torpe o hábilmente con el tiempo, va tocando regresar. O 'egresar'... una breve modificación gramatical para embellecer el concepto de salir de algún lugar.
He adjudicado a este periodo mi propia banda sonora: 'A ciegas' en la garganta de Poveda. Sin más razón que, además de por ser muy buena, por haber sonado voluntaria y constatemente en mis oidos durante estas vacaciones.
Así disfruto dibujando pasos en la sala, aromas en las manos, y paseos por el mundo a tientas.
Simbolizo estos regalos de tiempo, con la imagen del salto hacia el cielo, una fotografia que recoge la risa hacia ninguna parte, solo saltar para luego volver a caer, solo reir sin razones. Reir o sonreir sin ser visto, una suerte de felicidad sin etiqueta ni precio.
Alabado sea el inconsciente que nos hace subir hasta donde uno sueñe.

23.8.09

Interludio


Desplegando las manos me despido durante unas semanas para buscar mi dosis de mar.
Extendiendo y desplegando estos dedos, me dejo esculpiendo un paréntesis entre los que cerrar los ojos unos días y henchir los pulmones de aire nuevo.
Afortunado y sonriente al revisar mi bolsa de conceptos, que regalan un suave aroma de los caminos de Combray, de la dignidad de Un hombre sin pasado de Kaurismaki, de la maravillosa y prolongada angustia de Lars Von Triers rebosante de arte extremo, y habiendo recibido toda una lección en la mirada de Ulises: después de un viaje, ya nunca volvemos a ser lo mismo que fuimos.

Ahora me llevo una tarea a casa: ganarle una carrera al tiempo aunque solo quiera descansar, aunque no vaya a hacer realmente nada en los próximos días. Crear el concepto de "nada pleno" o quizá "nada nutriente".

Hasta pronto.

24.7.09

La vida de las sombras



Cuando proyectamos una sombra, no hacemos más que interponernos entre el sol y el espacio donde la luz choca. Un espacio con menos fotones.

Y allá que nos lanzamos desde los origenes Platónicos a dar un sentido a nuestras sombras.

Hoy les preparo un homenaje. Quiero hacer que llore y que ríe con sus dueños. Son la mejor oferta para todo fotógrafo de mediana inquietud. La sombra que por sí sola puede aterrar cuando serpentea sobre la pared del cuarto en cualquier noche de invierno.
La sombra que nos dejaría fríos si de pronto dejara de aparecer y ante lo que nos podríamos dar por muertos. Las sombras de Alex y sus Drugos en la Naranja Mecánica. La sombra de esta esquina en esta infernal tarde de verano asesino. La sombra que supera en belleza muchas veces al objeto del que procede.

Que caminos tan estupendos se abren entre las estructuras desconocidas del pensamiento y estos dedos y ojos iluminados por la pantalla. Nuevo juego de luces y sombras.
Por segunda vez consecutiva: qué extraño.

Asmáticos del descanso


Qué alegre en principio esta dosis veraniega de calma. Deslizarse entre estas zapatillas y el ruido tranquilo del mar, me convierte en una suerte de drogadicto temporal socialmente bien visto.
Un ladronzuelo del descanso en monodosis. Un chorizo con la cartera llena que queda libre tras ir a robarle al tiempo.
Detrás de la poesía marina y este tinto de verano que me suda hierba fresca, queda una corbata diaria y un maletín barato que me asfixian y me empujan cada día con la fuerza y la estrechez de un salario tonto.
Esta calma oriental tan compatible con nuestra naturaleza real, queda paralizada por un lunesaviernes de agotamiento administrativo. Pero que estúpida pandemia la nuestra.
Cómo invocamos a la paciencia con un silbido (fshhh), para luego enterrarla viva en la cobarde tumba de esta estabilidad...tan televisiva.
Siento pasar de la primera persona del singular a la primera del plural así sin pedir permiso, pero supongo que no estoy solo en este barco de realidad torcida.
Todo tiene precio, incluso el tiempo. Qué extraño.